La Intuición

 

 

En el acto de conocer, el tiempo desaparece ante la trascendencia de la razón, para dar sentido a la exactitud.

 

Se define la intuición como la facultad de comprender las cosas al instante y sin razonamiento. Es interesante observar como el mismo concepto lleva en sí mismo la expresión de su facultad. Percibimos cómo se manifiesta instantáneamente lo que se requiere conocer, excluyendo el razonamiento de las bases de su manifestación. Es un “es” hasta en este sentido.
La manifestación temporal queda anulada ante un evento que precisa manifestarse como un acto puro excluyendo los aspectos de la razón. Razonar es “racionar”, hacer partes, dividir. La intuición se manifiesta como un todo, su aspecto exterior es instantaneidad, el interior es encaje, exactitud.
Para entender este aspecto hemos de entrar en el concepto de Tiempo, que se presenta en cada acto cognitivo que requiere integración. Damos tiempo a las cosas para entenderlas, para adaptarlas a nuestros conceptos y prejuicios. El razonamiento disgrega y produce tiempo, el necesario para que la comprensión sea un acto de integridad. En la intuición no hay tiempo, la comprensión es instantánea, es la identificación absoluta con lo que se presenta que se percibe como completitud.
Existe en cada ser humano una percepción natural del estado de las cosas, que queda en detrimento en una sociedad donde el razonamiento es la base de la percepción. La instantaneidad es un estado de completez que requiere un previo reconocimiento ante una costumbre de funcionar con la razón. Ambos procesos cognitivos tienen la misma importancia, son diferentes maneras de percibir la realidad. El mismo razonamiento presenta una realidad fraccionada que puede ser percibida intuitivamente.
El desarrollo de la intuición requiere el saber percibir este encaje, la perfección que se presenta en lo completo y que somos capaces de acostumbrarnos a sentir. Una vez conocida la sensación que se produce en este evento, sabemos reconocerla cada vez que precisemos. La mente está activa durante el proceso, donde previamente y sin una manifestación aparente accede al registro de toda información, precisando en la que se acerca al encaje, con un margen de error que dependerá del desarrollo evolutivo del individuo. Este acceso parece un proceso instantáneo, pero cabría plantearse el hecho de tratarse de un procedimiento inconsciente que se manifiesta “en su estilo” constantemente. La continuidad potencial de la riqueza cognitiva manifestada ante tanta interacción, hace evidente este proceso como una constante en el ser humano.
La trascendencia de este singular fenómeno sobre el tiempo nos adentra en una captación hacia lo que todavía no ha sucedido. Son eventos que preceden a una cadena de acontecimientos vivenciados de manera inconsciente, al tratarse de información que concierne al individuo en su estado evolutivo consciente. El desarrollo cognitivo trasciende la manifestación temporal en su acto de continuar la existencia y solventar cada interacción. Así es como la temporalidad del “causa-efecto” dejan de aparecer como una limitación, que no es más que la solvencia de las propias limitaciones.

Posted by Meritxell Castells 21/12/2012

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