La gestión de nuestra energía… ¿pura matemática?

 

Caos no es desorden, es desconocimiento de los sistemas internos de cada elemento que existe. Solventar la entropía cotidiana es la puerta a cualquier desarrollo. Veamos cómo hacerlo.

Estar más o menos cansados nos condiciona a nuestras actividades diarias, por eso siempre han surgido teorías que han intentado definir sus bases. De entrada, la cuestión matemática como buen aporte científico está por delante. Un tema de sumas y restas que preside el cuerpo a través de los alimentos que ingerimos diariamente. Por tratarse de una acción que realizamos con bastante frecuencia merece nuestra atención, y aunque en la práctica parece no ser del todo la cuestión esencial, podemos profundizar en las funciones internas para darnos cuenta de que a pesar de los alimentos que puedan entrar por nuestra boca, el señor estómago absorberá lo que aparentemente parece que le interese. Entramos en otro concepto, pues una cosa es comer y otra cosa es nutrirse, y el sistema que permite la nutrición es más complejo de lo que creemos, por eso no existe de momento la versión definitiva que alimente, en este caso nuestro cerebro, de la cuestión inicial.
Aún así, no nos quedemos en la duda, o intentemos explotar al máximo los aspectos externos de la nutrición. La complejidad del señor digestivo ante la absorción de nutrientes nos lleva a plantearnos hasta qué punto conocemos toda la expresión de una función, de la misma manera que podemos plantearnos el funcionamiento de los restantes sistemas orgánicos. Un cuerpo humano es todo un equipo funcionando interconectado. Tengámoslo en cuenta, para comprender simplemente que todo lo que está por completar en el conocimiento es parte de ese entramado evolutivo que continúa imparable, y que nosotros seguimos añadiendo teorías y conclusiones. Forma parte de la comprensión de lo que somos.
Nuestra experiencia nos aporta más comprensión de la que creemos, el planteamiento del funcionamiento de las cosas ante las incoherencias ponen en duda nuestras bases, adentrándonos en nuevas perspectivas que comprobamos en el tiempo, para acercarnos más a la certeza de los eventos.
Entremos en el campo de acción, el día a día, allí donde se pone a prueba nuestra matemática. La energía es algo que tiene que ver con la masa y con el movimiento. Un movimiento perfecto exige de una dirección que trascienda la aleatoriedad de la multiplicidad de direcciones, una intención que surge y genera el orden que precisa la misma substancia vida en su principio de mínimo gasto energético. Llevemos este principio a la acción cotidiana. Esto nos lleva a plantearnos la existencia de la acción perfecta en un momento del tiempo, algo que rebasa nuestros conocimientos sobre toda la expresión del gran ecosistema físico-psico-emocional.
Evidentemente que no es una cuestión fácil en estos momentos, pero la necesidad de gestionar nuestra energía se hace cada vez más evidente, sobre todo ante las crisis de recursos que se presentan en estos momentos para todos.
Vayamos a las manifestaciones prácticas del funcionamiento de este evento, y como buenos seres en evolución que somos busquemos el aspecto de desarrollo que tal experiencia precisa. De entrada si estamos atentos podemos darnos cuenta qué hay tras las incoherencias, momentos que, por ejemplo, estamos muy cansados y una actividad nos vuelve a poner en marcha. O al revés, estamos plenos de energía y pocos minutos de una actividad nos desgasta de manera ilógica. ¿Que hay tras esa paradoja? Quizá no lo sepamos todavía pero algo hay, y encontrarlo puede ser una dura tarea para nuestro consciente, dada la enorme complejidad en nuestras facultades cognitivas que hay tras una manifestación. Es entonces cuando podemos acogernos al recurso del aprendizaje práctico, y puesto que, por lo que podemos comprobar, hay un momento perfecto para cada acción, conocida perfectamente por esta materia que se asienta en la economía de recursos, ante una acción evidente se generará continuidad, y por lo consiguiente, energía, que no es más que una no-pérdida ante la solvencia del principio de entropía. De la misma manera, una acción no perfecta en su manifestación temporal nos produce pérdida energética por su tendencia al desorden.
La percepción de estos estados son evidentes, solo hay que acostumbrarse a sentirlos y atreverse a experimentar para perfeccionarnos en su técnica, hasta que conozcamos con más detalle las causas profundas que hay tras cada expresión existente.

Posted by Meritxell Castells 28/12/2012

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